Isla Gorgona: curiosidades de un paraíso natural colombiano que funcionó como una cárcel | Ecología | La Revista

De origen volcánico, rodeada de montañas y refugio de ballenas, la isla Gorgona es una joya natural que emergió de los restos de una cárcel que infundió terror en Colombia.

La isla más grande del país sobre el Pacífico, de 44 kilómetros cuadrados, fue famosa por la prisión que albergó durante dos décadas.

Pero hoy es un parque natural compuesto por dos islas -Gorgona y Gorgonilla- de grava negra, arrecifes coloridos, selva espesa y fauna exuberante con temperaturas que rondan los (30°C).

Aquí algunos datos y curiosidades sobre el lugar:

La conquista

Los españoles desembarcaron en 1526 y la bautizaron San Felipe. Francisco Pizarro, el conquistador del imperio Inca, le dio el nombre de Gorgona, la peligrosa Medusa de la mitología griega.

La isla fue primero refugio de piratas antes de que en el siglo XIX Simón Bolívar se la cediera a un inglés que participó en las guerras independentistas. El Estado colombiano se la expropió a privados para construir una penitenciaría de alta seguridad.

Vista aérea de los restos de la prisión de la isla Gorgona, en el Océano Pacífico, frente al suroeste de Colombia, tomada el 1 de diciembre de 2021. Foto: Luis Robayo/AFP

Gorgona forma parte de un corredor migratorio para la fauna marina y las aves que conforman las Galápagos (Ecuador), Malpelo (Colombia), Coiba (Panamá) y Cocos (Costa Rica).

Prisión siniestra

Los criminales más peligrosos del país fueron recluidos en Gorgona y sometidos a torturas. En 1984 fue cerrada ante presiones de defensores de los derechos humanos y ecologistas que querían proteger este trozo de naturaleza virgen.

Gorgona figura en la “lista verde” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza por su modelo de sostenibilidad.

Unas pocas docenas de personas viven en la isla durante todo el año: funcionarios del parque, empleados del único hotel, un instructor de buceo y militares.

Vista aérea de los restos de la prisión de la isla Gorgona, en el Océano Pacífico, frente al suroeste de Colombia, tomada el 1 de diciembre de 2021. Foto: Luis Robayo/AFP

La isla enfrenta varias amenazas: entre ellas “la erosión costera de algunas playas; los interrogantes sobre el calentamiento de las aguas; y la subida del nivel del mar, en cuyo caso la isla sería obviamente muy vulnerable”, dice el biólogo Christian Díaz.

Aunque no sea visible a primera vista, “la contaminación por microplásticos es real”, añade. El alcohol y los plásticos de un solo uso están prohibidos, pero las playas sufren por la basura que arrastra el mar.

Biodiversidad

Gorgona pasó a ser parque nacional el mismo año en que desapareció de la cárcel. Su área protegida abarca casi 62.000 hectáreas. El 97% son zonas marinas de cuidado especial, explica uno de los empleados del parque.

Hay 500 variedades de plantas terrestres -entre ellas muchas orquídeas-; 380 de peces, 19 de tiburones, 41 de reptiles (18 serpientes), 167 de aves (piqueros pardos, pelícanos y fragatas), unos 15 mamíferos (entre ellos perezosos y monos capuchinos). También hay 14 tipos de murciélagos y el anole azul, un lagarto endémico y único en el mundo.

Ballenas jorobadas retozan a pocos metros de la orilla en un área de 12 km donde, en teoría, la pesca y la navegación están prohibidas. Tortugas marinas, atunes, barracudas, tiburones martillo, delfines, jureles, rayas, meros y morenas nadan a sus anchas.

“Gorgona tiene dos ecosistemas”, resume el director del parque, Santiago Felipe Duarte: “la selva tropical húmeda, de la que aún queda mucho por estudiar, y su excepcional ecosistema marino con los arrecifes de coral mejor conservados del Pacífico Oriental colombiano”.

Las serpientes que inspiraron su nombre se escabullen entre la maleza. La víbora de punta de lanza, la serpiente de coral y la de mar (no hay antídoto para su veneno) son las más peligrosas.

Aunque la cárcel fue casi engullida por la vegetación, “sigue atrayendo visitantes”, si bien su relevancia es mucho menor que la “excepcional biodiversidad” que reúne, subraya Duarte.

Visitado apenas por unos 3.000 turistas al año, el parque es ideal para avistar ballenas, bucear entre la diversidad de peces y apreciar los arrecifes de coral. “Las ballenas aprenden a cantar aquí. Escucharlas bajo el agua es encantador”, señala el director.

Narcotráfico

La fuerza pública mantiene en Gorgona un pequeño contingente. En 2014 la isla fue blanco de una espectacular incursión de la extinta guerrilla de las FARC, lo que provocó el cierre del parque durante dos años.

Gorgona está situada en un corredor de narcotráfico hacia el norte. “A veces por la noche se oyen los motores de los traficantes en alta mar”, confiesa un empleado.

Pero “comparada con otros parques del país, la isla es un pequeño paraíso de tranquilidad”, dice el director.

En la cima de la montaña se está construyendo un radar contra el narcotráfico. “Solo esperamos que Gorgona siga siendo un lugar especial donde la gente venga a encontrarse a sí misma, a conocerse. Un sitio para la renovación espiritual”, anota el director. (I)

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