Los CAP resisten entre las bajas laborales de los médicos y los pacientes crónicos descompensados

  • Los parones profesionales de los sanitarios se duplican este 2021 como consecuencia del estrés por el covid-19
  • La primaria tardará «un año» en recuperar el seguimiento de los enfermos a quienes la pandemia relegó a un segundo plano

«Estamos peor que en la huelga de 2018». Lo afirma, tajante, la médica de familia Carolina Roser, de 53 años, que trabaja en el centro de atención primaria (CAP) Doctor Barraquer, en Sant Adrià del Besòs (Barcelona). El covid-19 ha empeorado una situación que ya era precaria. Esto afecta no solo al paciente crónico que ha quedado desplazado por el virus, sino también a la salud mental de los profesionales, que optan por pedirse bajas o permisos sin sueldo.

En octubre de 2018, los sanitarios (médicos y enfermeras) catalanes del sector público en la atención primaria y del concertado en la hospitalaria hicieron huelga cuatro días para protestar por las condiciones laborales. Uno de los puntos estrella del acuerdo para finiquitar la movilización entre el sindicato Metges de Catalunya (MC) y el Institut Català de la Salut (ICS), cuyo director gerente era (y aún es, a falta de que tome posesión como ‘conseller’ de Salut) Josep Maria Argimon, fue fijar un máximo de 28 visitas por médico al día.

Sin embargo, y aunque la situación de cada CAP es distinta, esta regla de hora sigue sin cumplirse en muchos centros de salud. «El motivo de aquella huelga fue la sobrecarga laboral. Se pactaron una serie de cosas que no se cumplieron. Y, ahora, tenemos otro motivo de consulta añadido: el covid-19. Tratamos a pacientes con secuelas, gestionamos las bajas, asumimos las residencias de ancianos…», explica Roser, que también es miembro del sindicato. Muchos médicos siguen denunciando jornadas laborales con 35 o 40 pacientes diarios. «Tener 28 pacientes es la excepción», asegura Roser. El plan de Salut para reforzar la atención primaria, anunciado en septiembre y que supuso una inversión anual de 127 millones y más profesionales (306 médicos y 220 enfermeras, entre otros) hasta 2022, se ha revelado insuficiente.

Hacer de psicólogo

En un contexto de grave crisis económica y social, con muchas personas en paro y en riesgo de exclusión social, los médicos de primaria han asumido otro papel: el de psicólogos de sus pacientes. Son un muro de contención. «Tratamos a muchas personas con ansiedad y depresión. Tenemos más motivos de consulta y mucho trabajo acumulado», cuenta. A todo esto se suma que las listas de espera para las pruebas en la atención hospitalaria han crecido debido a la pandemia. «Así que esos pacientes que tienen que hacerse pruebas vuelven a la primaria porque no se encuentran bien», asegura Roser.

Además, los médicos de familia coinciden a la hora de expresar su preocupación por los pacientes crónicos «descompensados», es decir, que no han podido recibir un adecuado seguimiento durante el último año debido a la crisis sanitaria. «El gran drama que están empezando a vivir ahora los hospitales es la cantidad de pacientes crónicos que reciben las urgencias ante la incapacidad de la primaria de controlar a los pacientes que tiene asignados», describe el secretario general de MC, Xavier Lleonart.

Los CAP han registrado un 40% menos de diabetes, hipertensión o factores de riesgo cardiovascular

También la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (Camfic) da cuenta de ello. «Ha habido un desplazamiento del covid-19 sobre el resto de patologías. Tardaremos un año en recuperar el control de las enfermedades crónicas», estima el presidente de la Camfic, Antoni Sisó. Según él, se han registrado un 40% menos de diabetes, hipertensión o factores de riesgo cardiovascular. Sin embargo, se han detectado entre un 16% y un 17% más de trastornos de ansiedad.

«La vorágine ahora es recuperar las visitas de los pacientes con enfermedad crónica y recuperar toda la presencialidad», confirma la enfermera Alba Brugués, miembro de la Associació d’Infermeria Familiar i Comunitària de Catalunya (Aificc). En estos momentos, además, las enfermeras de los CAP son quienes están vacunando a toda la población contra el covid-19. «Los pacientes crónicos descompensados, junto a la salud mental de la población, será el gran trabajo de los próximos meses y años», certifica Brugués, quien asegura que también han bajado, entre un 35% y un 40%, los nuevos diagnósticos de insuficiencia cardíaca, cáncer y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc). «Eso es prevención y promoción de la salud», señala esta enfermera.

Más bajas laborales

Según denuncia MC, en la atención primaria de Catalunya, que aún arrastra las consecuencias de los recortes de 2010, faltan unos mil médicos. En la coyuntura actual, la presión lleva a muchos a pedirse la baja laboral. «Nos vamos agotando y acabamos enfermando», expresa Roser. «Es estrés crónico: acabas claudicando y desarrollando ansiedad y/o depresión». Según ella, en su territorio, el área Metropolitana Nord del ICS, las bajas laborales «se han triplicado en los últimos años» entre los médicos. «Del 2% o 3% que estaban de baja en 2019, hemos pasado al 4,5% en enero de 2020 y al 9% en 2021″, relata.

«Estoy tan agotada, que me cogeré un permiso sin sueldo de tres meses», dice una médica del CAP Raval Nord

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Y quienes no se pueden pedir la baja solicitan un permiso sin sueldo. Es el caso de Laura Romera, médica de familia en el CAP Raval Nord. «Estoy tan agotada de todo, que he decidido cogerme un permiso sin sueldo de tres meses. Mis compañeros me dicen que, si pudieran, harían lo mismo que yo», expresa Romera. Ella misma hacía seguimiento de la baja de dos compañeros de otros centros de salud. «Una de ellas estaba desbordadísima porque tres compañeras suyas estaban de baja y no había contratación de otros médicos». Un pez que se muerde la cola.

Romera relata largas jornadas en las que los sanitarios de primaria «no paran» y enlazan las visitas telefónicas con las presenciales. «Es verdad que nos pagan las horas extra [uno de los acuerdos tras la huelga de 2018], pero también necesitamos gente que nos releve», dice. «Hay muchos compañeros con antidepresivos. Hay bastante pesimismo en el ambiente, porque las personas quieren un respiro. Yo no estoy en el extremo del ‘burnout’ [síndrome del trabajador quemado], pero quiero replantearme cómo seguir visitando», concluye. Según publicó la Fundación Galatea en abril, un 25% ha estado de baja por motivos relacionados con el covid-19.

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